tag:blogger.com,1999:blog-31434158.post-1153467603336423442006-11-06T02:39:00.000-05:002007-02-08T20:06:39.262-05:00EL ESCULTOR QUE INSTALA LA PALABRA<div align="justify">Las obras que componen esta exposición y que no se hacen visibles por fuera de éste espacio, se hacen posibles gracias a la fuerza que tiene la palabra para construir pensamiento sin necesidad de algún objeto visible.<br /><br />El lenguaje es un material plástico que se amolda y dependiendo de las necesidades del artista puede inflar o comprimir significantes para generar nuevos significados y eso lo sabe Juan Camacho. Por eso, ante todo, Juan Camacho es un artesano tradicional, un escultor que a diferencia de materiales sólidos trabaja con diligencia la palabra para construir un acontecimiento y una obra, que aunque invisible, se hace evidente bien sea por la adición de las palabras adecuadas que amasa hasta encontrar el sentido buscado; o también mediante la eliminación de las mismas del diccionario, quitando las acepciones inadecuadas, en un proceso similar al del tallado tradicional de la materia[1].<br /><br />La plástica del lenguaje, en una primera instancia puede entenderse como una inquietud literaria debido a algunas coincidencias en el campo de la construcción de imaginarios; sin embargo, en el caso de la obra de este artista no existe un interés en la palabra como medio escrito. La palabra a la que se hace alusión es por lo general hablada y pretérita, y lo que aparece escrito sólo es una ausencia de la obra, una huella que la misma ha dejado a manera de registro, de la misma manera que en algunas <a name="_Hlt63602901">obras </a>la fotografía no es la obra en sí sino un testimonio de ella, de algo que ha pasado y que se hace presente en tanto memoria. Tampoco se debe hablar de una palabra teórica o doctrinal porque no obedece a una lógica rigurosa sino a una lógica plástica que trabaja como apariencia de algo que puede ocurrir pero que no es necesario que ocurra para poder ser entendido. Por lo tanto, la forma más adecuada para de aproximación al entendimiento de dicha palabra es, para aquellos que lo necesiten, bajo la etiqueta de la plástica y en este caso particular, de la escultura.<br /><br />El uso escultórico de la palabra al que se hace referencia abarca múltiples frentes de acción, o inacción en el caso de este artista. De un lado se hace presente en obras ideales propuestas en el campo verbal; en obras que se pueden construir pero que no son prerequisitos para que se asuma su existencia. En este tipo de trabajos que no necesitan de una exhibición formal sino de una instalación en el campo de la memoria colectiva, el quehacer de la nada deviene en una inobjetualidad que sin embargo se hace sensible en tanto idea. La mayoría de estas obras ideales que a pesar de que se encuentran sugeridas de forma individual e independiente en “<strong><a href="http://entrevista-a-juan-camacho.blogspot.com">Entrevista a Juan Camacho</a></strong>” , se han agrupado en una labor curatorial que presenta una concepción escultórica con la cualidad de reunir en una sola obra múltiples obras; recurso que ya había sido abordado antes por Auguste Rodin en el monumental proyecto “Las puertas del infierno”, que a su vez estaba compuesto por obras particulares y que refleja la gran influencia que este escultor ha tenido en su trabajo. Estas obras que se basan en una presunción de la materialidad de las mismas, son el primer peldaño de esa edificación que ha construido el artista basado en el uso de la palabra como medio artístico intrínsecamente ligado a la escultura. En esta primera instancia de su trabajo, el escultor de la palabra ha especulado acerca de sus inicios en el campo de la pintura para evidenciar la idea pictórica como un eslabón necesario en la transición que lo llevará a la problemática de la instalación de la palabra. Igualmente, ha hecho planteamientos de reflexión con un carácter investigativo dentro de las diversas ramas de las que se nutren las artes plásticas.<br /><br />En un segundo nivel, se encuentran aquellas obras ideales que no sólo ya no se hacen palpables, sino que además, a pesar de que se diera el caso de una hipotética construcción, no se podrían hacer visibles en su totalidad porque su señalamiento está en un punto exterior al de la materialidad de la misma obra. Con esta otra visión, en la que el artista ubica directamente la obra en la imaginación del espectador, es que se hacen diáfanos trabajos como “Venta de tiempo”, sus reconocibles “<strong><a href="http://cubosmentales.blogspot.com">Cubos mentales</a></strong>” y la serie “<strong><a href="http://dibujos-ventanas.blogspot.com">Dibujo de una ventana</a></strong>” que se basa en los preceptos del dibujo como mecanismo de observación y permite vislumbrar los inicios de esa actitud contemplativa que habrá de caracterizar su obra actual<br /><br />El artista también utiliza la palabra para hacer señalamientos directos en los que la inacción artística paradójicamente establece una manera de actividad. Estas obras en las que no se requiere una materialización visible sino una documentación escrita en la que la propia palabra es el mecanismo de construcción de la propia obra, hechan mano de recursos legales y jurídicos que pierden su sentido al servir para estos propósitos. “Patente de la nada”, corresponden a este tipo de obras en donde la nada obedece más a un concepto que a un trabajo inmaterial y que sirven de puente a esculturas textuales que a manera de ensayos imaginados sobre su propia obra, o reflexiones personales, se autorefieren y constituyen una aproximación, acaso más personal a la verdadera intención de la palabra como material. Estas esculturas totales que incluyen textos como “El escultor que instala la palabra” y “<strong><a href="http://textos-declaraciones.blogspot.com/2004/02/el-acto-contemplativo-de-la-memoria.html">El acto contemplativo de la memoria esculpe el pensamiento</a></strong>”, son obras que se sustentan en sí mismas sin comprobación exterior, porque en ellas el soporte escultórico hace parte directo de la escultura, en cuanto la palabra se comporta como sustento de un contenido sobre la misma palabra y es al mismo tiempo la base, el fundamento y la materia de una idea que hace alusión a sí misma; algo que por momentos recuerda la obra de Brancusi tanto por su carácter indivisible, como por la solicitud en el trabajo de las formas simples.<br /><br />Adicionalmente, la palabra se hace latente como acto conversatorio en donde lo esencial ya no es el contenido ideológico de la idea materializable, ni el discurso, sino el mismo acto en sí como conciencia de una relación cotidiana en la que la experiencia comunicativa se carga de una expectativa adicional y puede ser entendida como una escultura. Así mismo, y de acuerdo a los parámetros utópicos que subyacen en su inquietud escultórica, la palabra existe como suposición de una conversación que tal vez no sólo no haya pasado sino que además no puede pasar. En este caso se trata de una reflexión que la palabra hace sobre ella misma, como propio soporte en el que el lenguaje crea su propio espacio y tiene existencia dentro de él mismo, ahora sin necesidad de referencias externas.<br /><br />A estas alturas es pertinente aclarar que las diversas potencias anteriormente mencionadas no son excluyentes ni progresivas sino que pueden presentarse de manera alterna y simultánea, de suerte que no es pertinente abordar la obra de este artista a partir de una secuencia lineal y evolutiva del tiempo. De hecho, algunos de los trabajos que se encuentran en el primer nivel investigativo e instalado de la palabra son posteriores a obras de carácter contemplativo o a textos escultóricos. Y es que la razón de esto obedece a que el artista no abandona un nivel para pasar al otro sino que de acuerdo a sus inquietudes sube y baja peldaños de su construcción y utiliza uno u otro recurso según sus necesidades; por eso es que, si bien sus obras pueden ser tratadas de manera separada, lo más conveniente es tomarlas en su unidad, en su conjunto total.<br /><br />El uso de la palabra, que en un comienzo sólo servía para sugerir la existencia de las obras sin la necesidad de su dimensión espacial, poco a poco deviene en un recurso para la generación de obras que ya no sólo no hay necesidad de visualizar para poder aprehender, sino que además no se pueden construir en otro campo que no sea el de la propia palabra. Esta etapa verbal que ha permitido la creación de obras en las que la sola palabra es en sí la obra, incluye “El discurso como soporte escultórico”, “Palabra de artista” y sus ya célebres “Frases escultóricas” que han puesto de manifiesto el contenido netamente escultórico que caracteriza su trabajo al introducir la problemática de la instalación.<br /><br />La palabra acata la problemática escultórica de la instalación, porque puede construir un lugar dependiendo del contexto en el que se localice. La ubicación del lugar como espacio habitable ha sido una preocupación de los artistas desde la segunda mitad del siglo pasado y su investigación ha puesto en evidencia el carácter indivisible de la relación entre espacio y objeto. El artista francés Daniel Burlen, por ejemplo, ha hecho explícita la transformación de la obra dependiendo del espacio al proponer que si una obra de arte se lleva a una panadería ésta evidentemente no se convierte en pan, pero que por el contrario si se lleva un pan a un museo éste sí puede convertirse en obra de arte. Pero la obra también puede transformar el contorno tal y como lo hizo Camacho mediante la ubicación de un letrero de “SILENCIO” en el ámbito museal. Esta instalación directa e ilustrativa de la palabra, pone sobre el tapete el hecho de que el espacio no sólo esta constituido por el mundo visible y tangible de los objetos, sino también por su propio ámbito sonoro. El silencio, que de forma irónica sólo se hace posible con la instalación de la palabra, es utilizado en esta obra como un recurso de modificación de la sonoridad de su propio espacio para lograr una alteración en el lugar y de paso manifestar claramente que la obra es el mismo espacio y que el espacio sólo existe como obra[2].<br /><br />Pero su instalación de la palabra no hablan exclusivamente del problema del espacio geográfico; su importancia está en la localización de las frases en el contexto artístico mediante el recurso de la palabra. Así, obras como “6 y 9” son entendidas en el contexto en el que se inserten: Para algunos “6 y 9” puede ser concebido desde el campo aritmético como 15, para otros será la unión de los dos caracteres en 69, para otros puede ser una hora (6:09), o simplemente es 6 y 9, sin ningún referente externo. Su ausencia o presencia de significado, si es que ha de tenerlo, está ligado al contexto en el que se instale la frase: Su ubicación altera su intención y el uso que se haga de ellas es el que genera el significado, lo mismo que la forma en que ellas se presenten. Por eso, la instalación de la palabra no esta remitida a una ubicación de índole espacial de los caracteres alfabéticos o numéricos como en el caso de las artistas Jenny Holzer y Barbara Krueger, sino del espacio contextual en el que ellas se inscriben para generar una habitabilidad de ella. De esta perspectiva surgen “Los títulos de las obras son las obras” que bajo el precepto de las frases escultóricas sueltas se instalan dentro de su propio contexto, se comportan como esculturas de la palabra y buscan una ubicación directa en la memoria como sitio. Estas obras, que entre otras incluyen “Así se construye el círculo cuadrado”, “Un metro de años nunca permanece igual” o “¿Sabes qué está pensando en este momento el pensador de Rodin?” son sensibles a diversas interpretaciones a pesar de su naturaleza aparentemente axiomática. Y es que la mayoría de las obras de Juan Camacho, no solamente deben ser interpretadas de múltiples maneras sino que además pueden ser apropiadas por los demás para su realización sin la mediación directa del artista, tal y como ha ocurrido en su única exposición al mismo tiempo individual y colectiva denominada “Siete artistas interpretan a Juan Camacho”, en donde el artista tiene el privilegio de exponer su obra sin necesidad de hacerlo.<br /><br />Consciente de ésta inutilidad de la mano ejecutora del autor y de la relación palabra-instalación junto al carácter indivisible del concepto obra-espacio, el artista ha propuesto la serie “Las fichas técnicas de las obras son las mismas obras”, que es una pareja idéntica de fichas-obras, ubicadas una a la altura de la obra y la otra a la altura de la ficha técnica, en las que la descripción de la obra en la ficha técnica es la misma descripción de la ficha técnica y en las que el título de la obra es en sí mismo la obra. De esta forma, la ficha y la obra son intercambiables porque cada una se comporta como obra o como ficha dependiendo del espacio en el que estén ubicadas, y ambas existen de manera única e indivisible gracias a la utilización de la palabra como material plástico que en este caso funciona adicionalmente como soporte de la obra, como lugar de instalación de la misma, como título y como obra. Estas esculturas, a diferencia de las clásicas, no son rígidas sino que son poliformes dependiendo de las dimensiones del soporte de las mismas fichas técnicas, su técnica es variable dependiendo de la manera en la que sean fabricadas, además son impersonales en el sentido en que el artista sólo las propone y no las realiza sino que sólo son ejecutadas por la persona encargada del montaje de ella. Con estos trabajos, se hace explícito que ya no se puede hablar de una obra que se exhibe en determinado espacio, sino que la obra es el mismo espacio, que el espacio sólo existe en la medida de la obra, y que el título de la obra como obra, se hace posible gracias a la instalación de la palabra. </div><div align="justify"><br /><br /></div><p align="justify"><a href="http://photos1.blogger.com/blogger/6612/3401/1600/los%20titulos%20de%20las%20obras%20son%20las%20obras1.0.jpg"><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/6612/3401/400/los%20titulos%20de%20las%20obras%20son%20las%20obras1.0.jpg" border="0" /></a><br /><br />[1] Una ilustración del acto escultórico de la palabra se encuentra en la serie "<strong><a href="http://palabras-instaladas.blogspot.com">Palabras prestadas</a></strong>", en donde el artista ha recortado frases de revistas y periódicos, y mediante la adición y sustracción de ellas ha generado nuevos contextos a las frases originales. </p><p align="justify">[2] Octavio Ospina Alvarez lo expresa claramente: “Es muy común confundir el espacio con el lugar; sin embargo existe una clara distinción: El lugar se señala siempre desde fuera, el espacio desde dentro; dicho de otro modo: el lugar varía por tratarse de la colocación de un cuerpo con respecto a otros, el espacio permanece invariable pues siempre es el mismo independiente de la colocación del cuerpo; así el espacio de un ladrillo es siempre el mismo no importa que su lugar sea el primero, el tercero o el duodécimo piso de una edificación.....La consecuencia más importante del lugar es la localización o ubicación de los cuerpos, según ella todo ser corpóreo necesariamente ocupa un lugar y es imposible su existencia sin dicha condición; por otra parte la ubicación es siempre un determinante en la realidad del ser localizado”. (Curso de Filosofía, Volúmen I, segunda edición, Editorial Bedout, Medellín, 1967) - Nota del propio artista.</p><p align="justify"></p><p align="right">Por Thomas DiPrima (Crítico de arte)</p>Juan Camachonoreply@blogger.com